La noche de los cuatro minutos

No quise esperar hasta el 2052. ¿Quién me aseguraría la vida 28 años más?

El 8 de marzo de 2024 ocurriría un eclipse total de sol, que es cuando el día se convierte en noche. Podía ir ya o esperar hasta el 30 de marzo de 2052, que es cuando ocurrirá la próxima vez en nuestro país. Mi interés por la astronomía y el no saber si estaré en este mundo dentro de tres décadas me impulsaron a tomar la oportunidad de una vez.

Desde que era niño me gustaba el espacio, el estudio de los cuerpos celestes y los viajes espaciales pero nunca había visto un eclipse. Cuando fue el de julio de 1991, yo todavía dormía en mi cuna.

Años de preparación
Reunidos por la oscuridad

Comencé a alistarme desde 2021. Se verían dos eclipses solares en México y yo quería asistir a ambos. Uno era el anular de octubre de 2023, donde se oscurece parcialmente y se ve el anillo de fuego alrededor de la luna; el otro era el total de abril de 2024, cuando el día se vuelve noche.

Quería entender lo que iba a pasar así que me documenté sobre ambos fenómenos, sus características, duración, métodos de observación segura y pronósticos del clima (mucha nubosidad hace que se pierda mucha de la espectacularidad). Me sentí todo un astrónomo aficionado.

Como no quería quedarme ciego por ver directo al sol, la manera segura de hacerlo era con lentes especiales para eclipse. Cuando se aproximan estos eventos, la demanda acaba con los inventarios y proliferan los fraudes. Hay historias sobre lentes falsos, hechos con materiales que no filtran la radiación y dejan frita la retina del ojo.

Meses antes investigué fabricantes, vendedores y certificaciones. Cuando los recibí me encomendé y miré directo al sol: lo bueno es que no perdí la vista.

En octubre de 2023 viajé a Celestún, Yucatán para ver el eclipse anular. Ese día no se hizo de noche pero vi el anillo de fuego y fue impresionante. La historia la contaré en otra publicación.

Viajar al norte
Durango me sorprendió por su belleza y la cantidad de lugares para visitar

El eclipse de 2024 se vería en el norte del país. Primero pensé en ir a Mazatlán pero ahí siempre hay mucho turismo y esta vez estaba colapsado. Además, el precio de los hospedajes casi llegaba hasta la luna.

Mi segunda opción fue Durango y dos días antes viajé para allá. La ciudad fue muy inteligente y se preparó bien: sabían que la mayoría de nosotros no asociamos “turismo” o “vacaciones” con “Durango” (nunca lo había considerado como destino de viaje), pero entendieron que era una oportunidad única para promocionarse porque gente de todo el país y el mundo estaríamos ahí.

En la central de camiones nos recibieron con un módulo temático del eclipse. Ahí ofrecían lentes de observación y promocionaban recorridos turísticos en la ciudad y el estado. Las calles estaban limpias, los edificios pintados, los museos y sitios turísticos estaban rehabilitados y en las noches del sábado y domingo hubo conciertos gratuitos en el centro con El Recodo y Caballo Dorado (los creadores “No Rompas Más” y “Payaso de Rodeo”, canciones obligadas de toda fiesta en México).

Esos días visité los atractivos de la ciudad: el Museo Túnel de Minería, donde se cuenta la historia de la minería en el estado; el Museo Francisco Villa, sobre la vida y obra del héroe de la Revolución; el Museo de las Culturas Populares, con exhibiciones de la cultura local; la Ex Hacienda Ferrería de las Flores, su presa, ruinas y bonitos jardines; el Paseo de las Alamedas y el Centro Histórico de la ciudad. Hay tanto que ver que me faltaron lugares por visitar. Reconozco a la ciudad por su belleza y preparación.

El mejor sitio para ver la oscuridad
La ciudad vista desde el Cerro de los Remedios

Lo siguiente fue encontrar el mejor sitio para observar el eclipse: un lugar con cielo abierto, sin obstáculos como ramas de árboles, cables, edificios ni luminarias y donde pudiera estar sentado para aguantar la espera de horas bajo el sol. El Cerro de los Remedios era mi opción -y la de miles de personas también- así que fui a sondear el terreno. El mejor sitio de observación era el mirador. Tener a la luna y el sol arriba, la vista de las montañas en el horizonte y ver el encendido de las luces de la ciudad a las 12 del día lo hacían prometedor.

La noche del domingo fue uno de los debates de las candidatas a la Presidencia de la República de la elección de ese año pero el quedó relegado porque al día siguiente ni la gente ni los medios hablaban de otra cosa más que de los astros: recuentos de eclipses pasados, listas de reproducción temáticas y recomendaciones para observarlo.

Las clases fueron suspendidas y el transporte público anunció un paro 10 min antes y después del eclipse. Llegué muy temprano al cerro y había poca gente. A diferencia de cuando fui a sondear, había vallas que impedían el paso al mirador y no sabía por qué. Tomé lugar enfrente de la iglesia que está en la cima y comencé la espera de 4 horas hasta que oscureciera.

Eclipse gentrificado
De este lado todos amontonados y allá hasta tenían espacio de sobra

Media hora después, la policía retiró las vallas de la mitad del mirador. Corrí hacia el borde y conseguí lo que quería: el sitio para estar sentado, cielo despejado sin obstáculos, con vista hacia las montañas del horizonte y hacia la ciudad. Cinco minutos después, toda la orilla del mirador estaba llena.

Circulaba un rumor de que la otra mitad del mirador estaba reservada para astrónomos profesionales. Pasaron dos horas pero en lugar de especialistas, llegó un grupo de estadounidenses que habían rentado el lugar. El contraste del espacio era muy notorio: de nuestro lado, todos estábamos amontonados, mientras que en el de ellos, algunos hasta se acostaron en el suelo.

Hubo ciudadanos que reclamaron a la policía pero dijeron que los extranjeros habían pagado un permiso al municipio para estar ahí. Más tarde circularon videos de los foráneos burlándose de los quejosos y se hizo un breve escándalo nacional. Al día siguiente las autoridades anunciaron una investigación pero como siempre, al final nadie supo quién dio la orden ni quién se quedó con el dinero por la renta del lugar. 

Hay gente perversa que sólo ve por su propio beneficio, sin importarles los demás ni su población. El eclipse fue explotado para la voracidad, la gentrificación y la discriminación. Imaginen si un grupo de mexicanos hiciera lo mismo en EU…

Cuatro minutos
Vista de la ciudad y las montañas durante la totalidad del eclipse

A las 10:55 am comenzó la primera fase del eclipse. Al principio sólo se podía apreciar con un telescopio y quince minutos después el borde de la luna comenzó a ser visible con los lentes. Luego comenzaron los cambios en el ambiente. 

Desde la mañana había cielo despejado, con muy pocas nubes y un sol que quemaba mucho, tanto que tuve que usar gorra, lentes oscuros y bloqueador solar. Alrededor de las 11:40 el sol dejó de calentar y los rayos del sol perdieron su fuerza. Se formó una corriente de aire que agitaba las copas de los árboles, supongo que que por el cambio de temperatura. Los colores se hicieron de tonos más grises y cafés (esto mismo pasó en Celestún el año pasado). Luego ocurrió un bajón de luz muy repentino, como el de las lámparas a las que se les puede bajar la intensidad. Todos lo notamos y hubo una exclamación colectiva.

A las 12:07 llegó la noticia de que el eclipse ya era visible en Mazatlán. Cinco minutos más y sería nuestro turno. Un minuto antes del momento estelar, la noche ya había caído en la ciudad y parecían las 7 pm. A las 12:12 la luna cubrió al sol e inició la totalidad. Todos gritamos de emoción y aplaudimos. 

Me quité los lentes y vi la luna negrísima, rodeada de un halo blanco, como si fuera de una lámpara fluorescente. La intensa actividad solar era visible en forma de haces de luz expulsados hacia los lados. A pesar de toda mi preparación y que sabía lo que estaba pasando, me estremecí por unos segundos. Mi raciocinio fue eclipsado por la emoción.

Duró casi 4 min, tiempo suficiente para apreciarlo, tomar fotos, videos y descansar un poco el cuello. Luego la luna se movió y la luz del sol me deslumbró de golpe. Alguien anunció que había que ponerse los lentes de nuevo. Luego vi cómo la luna siguió su curso. Una vez más aplaudimos por el privilegio de haber visto tal evento. Así terminó esta breve noche.

Un nuevo día, otra vez
Durante la espera apareció una nube con la forma de México y me sentí muy optimista

No se suele hablar del nuevo amanecer después de un eclipse. A diferencia de cuando oscurece, el día retoma su normalidad muy rápido. Cinco minutos después los colores grises desaparecieron, los rayos del sol quemaban de nuevo y volvió a hacer calor. Me quedé sentado un poco más para procesar lo que había pasado. Luego bajé del cerro y me preparé para volver a casa.

Así terminó esta saga por la que me preparé tres años. No sólo lo hice por esos cuatro minutos de oscuridad sino por todo lo que pasó en el camino: aprendí sobre astronomía, los impactos de estos fenómenos, conocí muchos lugares nuevos para mí, vi con emoción cómo la divulgación de las ciencias tomó un fuerte impulso y compartí esos momentos con miles de personas. Un eclipse deja muchas cosas más además de oscuridad y rayos solares.

Al final de todo comencé un nuevo día, otra vez. Si un día puede estar lleno de oportunidades y belleza, imagínense eso por dos. Deseo que todos tengan la oportunidad de ver un eclipse solar total. Ni los mejores videos ni fotografías se acercan a lo que se ve y se siente en ese momento. Espero estar aquí para la próxima cita en nuestro país con el sol y la luna: valdrá la pena esperar al 2052.

*Foto de portada: totalidad del eclipse desde Durango capital, por el usuario Majolobe (Fuente: Wikimedia Commnons); el resto de las fotos son de mi autoría.

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